JANUS: EL DIOS DE DOS ROSTROS
(Ensayo sobre la duplicidad)

Rolando Toro Araneda


Jano bifronte (Siglo II aC)
Museo Nacional de Roma


Figura Bifronte. objeto
domestico de madera. África
Central. Museo de Arte
Africano, Santiago de Chile

La “vivencia”, con su total compromiso ético y cenestésico, es un proceso trascendente que se da “aquí-ahora”. La dualidad que se hace presente en la conciencia durante la acción es una categoría psicológica de carácter arquetípico.

La fuerza de Janus la encontramos en: literatura, escultura y cosmogonías antiguas.

La mayoría de los conflictos humanos provienen de esta tensión que propone un doble camino: del estado de indecisión hay que pasar a la decisión, el ser uno u otro, el ser uno o simplemente no ser.

La conducta apolínea, armoniosa y lúcida siempre está bajo la tentación dionisiaca, la ebriedad, la liberación de los instintos. En las artes, Apolo y Dionisio se encuentran con frecuencia y pueden organizar una danza creativa, un poema o una obra musical; entonces no hay conflicto. Esta tensión entre dos polos de fuerza se observa en la naturaleza. Heráclito propuso esta visión del mundo de los opuestos, a la inversa de Parménides que proponía un mundo estático.

Quizás esta duplicidad de los seres humanos tiene un sentido creador y puede asumirse sin culpa. A pesar de nuestra nostalgia de integridad, es posible convivir con estos llamados opuestos de nuestra naturaleza y elegir el camino del medio en actos de creatividad existencial, sin habitar exclusivamente uno de los polos. No es posible vivir a partir de una opción racional por un signo absoluto. Para que se produzca la vida en toda su interioridad, los opuestos deben reconciliarse.

El dios de doble rostro existe en todas las personas. Nuestro camino hacia la plenitud consiste en integrar los opuestos en un afectuoso acto creador.

 

 

 

Janus

Parece que “los opuestos no existen”.
Sólo ángeles traicionados.
Uno al fondo de los ojos
Otro en la respiración.
El vértigo, bajo la opalescencia de la luna.
Uno en las raíces, buscando agua
Otro en el fruto buscando al sol.
Es imposible entrar al mismo tiempo
Por dos puertas separadas por el amar
(A no ser que...)
Y compartir la tempestad y la música.
Es extraño hablar con la máscara
Que quiere ser sincera
Mostrando una parte de ti y ocultando deseos.

 

 

Janus, la divinidad de dos rostros, era uno de los dioses más antiguos de Roma; es el arquetipo de la duplicidad. El mes de enero (Janus, Janeiro) fue designado en su homenaje. Era considerado el dios de las transiciones; el comienzo de cualquier empresa, el inicio del año, el pasaje de lo descendente a lo ascendente, la evolución del pasado al futuro.

Janus dirige el nacimiento de dioses, hombres y acciones. Se asocia, por lo tanto, a las ceremonias de iniciación. Ha sido llamado “Guardián de las dos puertas”, las que abre y cierra; su atributo es la “llave”. Su doble rostro significa que vigila las entradas y salidas, mira al exterior e interior.

Pienso que el en ser humano existe esa duplicidad, en mayor o menor medida. Todos tenemos un “Janus interior”.

En la tradición hindú, el pasaje del pasado al futuro se realiza en un tercer tiempo: el presente. La concepción del presente se refiere a la fugacidad que contiene en forma inefable toda la realidad
El presente es el tercer ojo de Shiva; por encima de los ojos visibles está el ojo invisible del “aquí-ahora”. Por lo tanto, el presente tiene el significado de eternidad, la transformación de lo temporal en atemporal. El tiempo se realiza simultáneamente, en el pasado y el futuro, en un eterno presente, de modo que no hay destrucción, sino transformación.

Janus, así como es el dios de las dos puertas, es también “El señor de los dos caminos”. Los humanos viven siempre el drama de la bifurcación. Los hindúes proponen el camino del medio, la tercera ira que conduce a la liberación.

 

 

 

El Dios Bifronte

Mirando el pasado y el porvenir
El esplendor ardiente
Y la tiniebla recogida en sí misma
Mirando la piedra desgastada
De tanta pasión insomne
Y el nacimiento de las hortensias
Ojos para la semejanza
Ojos para la diferencia
En bordes y combaduras
En cabelleras agitadas
En testimonios del sueño
El Dios Bifronte.
Las dos novias.
La inmensidad de una espiral
En el cielo, de una serpiente lunar
La pequeñez de una hormiga
En los rincones de la conciencia
Abdicación y avaricia, cielo y tierra
La cabeza de la fábula y la cabeza magnética
Todas las variaciones del fuego y del agua
En la noche del corazón.

 

 

 

Doble Rostro
Arquetipo del psiquismo humano

O tal vez

Nuestra complejidad no es un sistema digital, sino un sistema complejo adaptativo, donde el caos parece ser el verdadero hijo del sueño y la duplicidad, el esfuerzo delirante de alcanzar la unidad.


Cuando el animal de fondo sube, la cabeza estalla”. L. Zeller